Ford vs. Ferrari: la responsabilidad precontractual

Ahora en #Legalfella abordaremos un tema que muy seguramente todos habremos visto en alguna película y serie o bien haber experimentado. Esa frustración cuando después de arduas negociaciones, numerosos gastos e invaluables esfuerzos se nos viene abajo una negociación, como producto de las malas intenciones de nuestra contraparte. A lo mejor sentirás esa impotencia o dirás en tu cabeza “me la aplicaron”, entre otras cosas. Y es eso los que nos trae a abordar como esa injusticia no puede ni debe ser permitida. Para lo que hablaremos sobre la responsabilidad civil precontractual.

Pues bien-a propósito de los Oscar- usemos como referencia la película Ford vs. Ferrari al recordar la escena en donde Ford quiere comprar a Ferrari pero ésta utiliza al primero como palanca para obtener un mejor precio de venta frente a un tercero (FIAT). La escudería italiana nunca tuvo interés en vender la empresa al gigante estadounidense, permitiéndole a éste incurrir en numerosos gastos (preparación de documentos, estudios y avalúos, negociación de créditos, viajes aéreos, entre otros). ¿Verdad que suena injusto? En efecto hubo un daño hacia Ford y como tal Ferrari debería ser objeto de responsabilidad civil a fin de resarcir patrimonialmente a la primera por su comportamiento.

Como comentario, debo agregar que no necesariamente toda negociación debe llegar a puerto seguro. No todo es como en la película “sí, señor” de Jim Carrey, sino que hay posiciones contrapuestas y-como regla-no existe obligación de que las partes se pongan de acuerdo. Sin embargo, sí existen ciertos principios o pautas que se deben observar en toda negociación, en especial el apego a la buena fe, que impone principalmente una serie de conductas a observar, tales como los deberes de veracidad, lealtad, información y confidencialidad.

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Al respecto, el centenario código Civil de Nicaragua-que es la norma insigne que rige las relaciones entre privados y recientemente fue aprobada una cuarta versión oficial- no regula de manera expresa el tema de la responsabilidad precontractual, lo que consideramos una oportunidad de mejora en el futuro, que solidificaría la seguridad jurídica en las relaciones entre las partes. No obstante, encontramos en el artículo 2509 una ventana para invocar este tipo de responsabilidad-bajo la forma de responsabilidad extracontractual- al disponer que todo aquel que por dolo, falta, negligencia o imprudencia o por un hecho malicioso causa a otro un daño material o moral, está obligado a repararlo junto con los perjuicios.

Para encontrar una aproximación al concepto de buena fe, encontramos en la Ley Nº 902 de Código Procesal Civil de la República de Nicaragua, el cual en su artículo 14 da unas pautas para tener una noción de la implicancia del principio de la buena fe en los siguientes términos: Las partes, sus representantes y todos los partícipes del proceso, ajustarán su conducta a la dignidad de la justicia, al respeto que se deben los litigantes y a la lealtad y buena fe. La autoridad judicial deberá tomar, a petición de parte o de oficio, todas las medidas necesarias que resulten de la ley o de sus poderes de dirección, para prevenir o sancionar cualquier acción u omisión contraria al orden o a los principios del proceso, impidiendo el fraude procesal, la colusión o el abuso del derecho y cualquier otra conducta ilícita o dilatoria. Se entiende por fraude procesal todo comportamiento de las partes, sus representantes y demás partícipes del proceso, en virtud del cual el juzgador o juzgadora ha sido víctima de engaño debido a la presentación falaz de los hechos, a probanzas irregulares, documentos alterados, e incluso por efecto de una argumentación falsa. Asimismo, el artículo 95 de la misma norma dispone que los intervinientes en el proceso deberán respetar las reglas de la buena fe y actuar con lealtad, respeto, probidad y veracidad.

En términos similares, encontramos que la Ley N° 842 Ley de Protección de los Derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias en su artículo 4 define a la buena fe en estos términos: Las personas proveedoras, consumidoras, usuarias y autoridades involucradas en la resolución de los conflictos entre consumidoras o usuarias con las personas proveedoras, deben actuar y guiar su conducta acorde con la honradez, veracidad, justicia, imparcialidad y lealtad, en los actos o contratos de compra venta de bienes y servicios.

Las disposiciones citadas en los párrafos anteriores encajan en nuestros propósitos, habida cuenta que la responsabilidad precontractual sucede cuando una de las partes negocia de mala fe, a costas de la otra, ocasionándole un daño patrimonial. Inclusive, pese a la falta de reconocimiento expreso, las partes previo al inicio de las negociaciones podrían suscribir una suerte de acuerdo que establezca las conductas que deberán observarse durante las negociaciones, valiéndose para eso de instrumentos del softlaw como los Principios UNIDROIT sobre Contratos Comerciales Internacionales, los cuales regulan de manera eficiente la temática en cuestión.

Igualmente, en atención a las peculiaridades de cada caso, puede darse el supuesto de que quien incurra en responsabilidad precontractual por su mala fe, también pueda verse envuelto en alguna de las conductas que se encuentran prohibidas por la Ley N° 601 Ley de Promoción de la Competencia, por atentar contra la libre competencia y la eficiencia del mercado.

Destacamos que la doctrina mayoritaria y numerosas legislaciones han reconocido que aquello que debe indemnizar en este tipo de responsabilidad no es el lucro cesante, o sea la oportunidad de negocios que se ha perdido, sino el daño emergente, que vendría a equivaler a aquellos gastos en los que la parte afecta tuvo que invertir como parte de las tratativas y negociaciones preliminares. Algunos denominan a este daño emergente como interés negativo (y otros denominan como interés positivo al lucro cesante).

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Concluyendo, hemos visto brevemente que existe la obligación de reparar todo daño ocasionado. Asimismo, que existe una serie de conductas que deberemos observar en la fase de negociaciones de un contrato, con independencia del resultado de las mismas, inspiradas en el principio de la buena fe. Por lo que esperamos que cuando detectemos que alguien nos esté jugando sucio en unas negociaciones, sepamos defendernos legalmente para ser nosotros quienes tengamos la sartén por el mango.

Me excuso en cuanto al aporte de jurisprudencia. Me hubiera gustado poder compartirles sentencias judiciales que se hayan pronunciado al respecto, pero los queridos servidores digitales del poder judicial y los cinco mil kilómetros de distancia con Nicaragua me lo impiden en esta ocasión.

Te ruego me dejes cualquier comentario que tengas a bien para poder mejorar, así como temas que te gustaría que abordemos. Recuerda que este blog lo hacemos entre vos y yo ¡No olvides compartir y recomendar este artículo en tus redes sociales!

Gracias por su atención.

Avil Ramírez Mayorga

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